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Llegamos a nuestros nuevos hogares en taxis repletos de maletas, aún con el sabor agridulce de la despedida, el corazón palpitante de nuevas expectativas ¡lo hicimos! saltamos el charco; nos lanzamos a la aventura de comenzar de nuevo, dejamos atrás todo lo que nos era conocido: el saludo en las calles, el buenos días tempranero, el olor de nuestras montañas y el sabor de todo aquello que sentimos tan nuestro. Cuando pasa el sopor del largo viaje y nos secamos las primeras lágrimas de nostalgia, comenzamos el camino… pero ¿Cómo?¿Dónde? Y ¿Cuándo? Encabezaron una larga lista de preguntas… y de muchos tropiezos tratando de dar con las respuestas. Así, casi sin darnos cuenta, fueron pasando los días, las semanas, los meses… entre conectarnos a Internet para tener noticias de los nuestros y esperar con ansias las llamadas del domingo; entre buscar desesperadamente hasta dar con el sitio donde comprar nuestra Harina Pan y acostumbrarnos a que el pitillo se llama pajita o que debemos cambiar nuestro o.k. por vale o chévere por guay. Y un buen día, el destino, la casualidad, Dios, o una combinación de todos los anteriores, nos puso en el camino un hermoso encuentro: otros que como nosotros añoraron en diciembre el olor de las hallacas y el pan de jamón y que llevan anclado en el corazón un patriotismo largo tiempo dormido. Largas horas de conversación ¡al fin nos sentimos como en casa! Y hablamos de Chacaito y de los Andes, de los buhoneros y el abastos, de los chamos y la gaita, del Avila y Mochima… ese fue el preludio de la Asociación de Venezolanos en Sevilla. El primero de febrero nos reunimos todos por primera vez ¡que hermoso ver llegar franelas tricolor y siete estrellas ondeando para desafiar el frío de aquel día! ¡que escalofrío recorrió nuestro cuerpo al ver llegar “caritas tostadas como una flor de Venezuela”, sonrisas abiertas y gestos emocionados! Un sencillo cartelito en un kiosco de Sevilla fue la convocatoria que tuvo el efecto de un rayo de luz cuando todo está a oscuras. Ese día, decidimos ponernos en marcha. Fuimos dieciséis los que nos comprometimos a trabajar en la organización de un proyecto que hoy comienza a cristalizarse. Decidimos que ningún venezolano llegaría a Sevilla con ese sentimiento de estar perdido y sin saber a donde o a quien acudir; decidimos que uniríamos nuestras manos y seriamos fuerza constructora; decidimos ayudarnos y caminar juntos, que entenderiamos y asumiríamos esta nueva realidad que nos convirtió en emigrantes; decidimos que en Sevilla nos convertiríamos en presencia viva: una comunidad que insertada en la vida de Andalucía y agradecida ante la tierra que nos abrió sus puertas, sabrá mantener, sin embargo, ese carisma que nos identifica y nos hace decir con orgullo ¡soy venezolano! Como las aves emigramos buscando en otras tierras condiciones más favorables, como las AVES nuestra asociación volará alto para acortar distancias. ¿Quiénes somos? simplemente venezolanos en Sevilla, gente dispuesta a tender la mano, venezolanos con el firme propósito de ser, lejos de la Patria, dignos representantes de la gloria de nuestro suelo. |
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